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¿Y las Drogas con la Crisis?

A Tope Nano

A Tope Nano

Los investigadores, Harald zur Hausen, Françoise Barré-Sinoussi y Luc Montagnier han sido galardonados por conseguir identificar y describir en 1983 el virus causante del sida. Después del descubrimiento estalló una patética polémica entre Montagnier y el investigador estadounidense Robert Gallo sobre la patente del hallazgo, ya que ambos habían conseguido aislar de manera independiente el virus. Finalmente, tras una pelotera inmadura, los dos científicos decidieron compartir el mérito. Ambos fueron premiados en el 2000 con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnicas.

El Premio Nobel está dotado con diez millones de coronas suecas (Un millón de euros). Dicen que en cuatro años se podría obtener una vacuna; si se invierte el dinero suficiente, claro.

También cuentan de los grandes equipos deportivos de fútbol, baloncesto y similares, que al saltar al terreno de juego hay que hipnotizar al contrario con cánticos a modo de himno, uniformes de colores vivos, chicas guapas danzando con provocativos movimientos y para terminar, una afición conflictiva, bulliciosa y escandalosa. El objetivo de tal parafernalia es distraer de la realidad al otro equipo. Asombrar, sorprender, fascinar.

En los próximos días aparecerán nuevas noticias de alcance, la cuestión es marear la perdiz. Al final, sin percatarnos repetiremos hasta el aburrimiento: ¿Qué crisis?

En el día de ayer, el gobierno español admitió ante los medios de comunicación que el tabaco produce cáncer, sin embargo no se responsabiliza de los fumadores enfermos, ni de la adicción de los mismos, ni de los daños colaterales. Y si en alguna ocasión demostró un mínimo interés, fue económicamente pragmático. Pulmones contaminados, demasiado personal sanitario dedicado a estos adictos a la nicotina, pruebas costosas, desde las radiologías hasta el coste por la estancia hospitalaria, las habitaciones, las camas, las sillas de ruedas, las camillas, a sufragar con el dinero subvencionado por la administración. Dinero amasado con los impuestos del currante. Sumados también en el precio del tabaco.

Pero, ¡Alto! El que fuma es porque quiere (claman en su defensa), aunque la cajetilla de Felipe Morros lleve estampado el escudo del país que nos protege de todo lo nocivo para la salud. Y por no mencionar la antigua Tabacalera, más española que la ciudad de Toledo.

Si por adquirir una bolsita de cocaína con el escudo nacional grabado, pagáramos al gobierno, no existirían descritos conflictos.

Bajo Control
Boceto del Autor

Tal cual ocurre con el alcohol, un tema que dejaremos para más adelante, pues por lo visto y leído de últimas, es un asunto tremendamente delicado, pues coger una buena cogorza con una botella de vino de cierta calidad, pongamos a más de veinte euros los tres cuartos de litro, se convierte en un acto cultural. Cuarenta eurazos si nos la sirven en un buen Restaurante, entonces la cogorza, además de cara, es instruida y acompañada de una potente resaca intelectual, a mitigar con un par de tazas de café arábigo, Jamaica Blue Mountain, si fuera posible; valga el vasto símil.

Hace apenas dos días fui a visitar a un viejo amigo, portador desde hace mucho tiempo del virus del sida, le pregunté por su salud y su experiencia al cambio, una migración pendiente del Hospital del Mar al Hospital Clínico.

No contó nada de lo que sorprenderse. El médico que lo atendió en el Clínico hizo alusión a la sala de espera para informar, o tal vez recordarle, que todos los pacientes eran números, y a él le correspondía un número alto por ser de los últimos en llegar.

Números, ¿Quieren más números? Pero las cifras inimaginables no dejarán de ser estadísticas, y al parecer, las estadísticas impresionan menos que un caso particular donde muere hasta el apuntador. ¿Números? en la actualidad se producen alrededor de 5.700 muertes cada día en todo el mundo, afectando en la actualidad a cerca de 33 millones de personas, un 90 por ciento de las cuales viven en África.

Sin perder el hilo de a lo que íbamos: Números, no enfermos, pacientes o personas, le bautizó como un número desvalorizado.

Eso somos, así les tratamos. En las contadas ocasiones que le acompañé a hacerse analíticas o alguna prueba, siempre hubo una veterana enfermera con un lacito rojo en la blanca solapa recriminándole la fortuna de haber nacido en este país y no en el continente negro, siempre dilatadas horas en la sala de desesperación, mientras nos pasaban los casos urgentes tales como los visitadores médicos vendiendo el producto de los laboratorios que les pagaban mejor, siempre suponiendo que el médico, o el sustituto apareciese con el historial clínico “memorizado”. Aunque lo más incómodo sea el nerviosismo ante la eterna espera, la enfermera presionando el botón rojo para reclamar a los vigilantes de seguridad a causa del pánico que le infunde el inquieto paciente con aspecto de delincuente.

Es muy posible que Sanidad no funcione bien, y sean múltiples las razones causantes, no obstante ello no implica que el especialista haga bien su labor. A modo individual, atrincherados bajo las batas blancas, tan políticamente correctos y educados, como si ellos no pudieran mezclarse con el resto de la humanidad, consagrados a una misión divina, hacer lo que les venga en gana.

Cada año los responsables del departamento gubernamental de drogas se felicitan por el trabajo bien hecho, ¿Por qué no aprovechan para informar que cuanto mayor es la cantidad incautada, mayor es el incremento de consumo en las calles de nuestras ciudades. ¿De qué se felicitan? Bajó la tasa de mortandad de los VIH, es lógico, porque apenas queda nadie vivo de aquellas generaciones, hoy los jóvenes se drogan a más temprana edad y en los institutos y colegios se venden más drogas que nunca. Se contagian enfermedades y sufren graves trastornos a corta edad.

¿Qué ocurre? ¿No sufren las familias los estragos de un hijo drogodependiente? ¿Nos estamos acostumbrando a contemplar la dramática situación? ¿Son menos víctimas las jóvenes víctimas del narcotráfico? Esto parece ser así.

Las víctimas del terrorismo se consideran víctimas de tercera. Existen asociaciones para víctimas de tráfico urbano, de genero, etc. Es una suerte, porque los que hemos perdido un hijo con una aguja clavada en el brazo, tirado en cualquier descampado o pensión de mala muerte (Valga la nominación), siquiera tenemos graduación en esta escala de víctimas, nos reclaman para la identificación del cadáver sin psicólogos ni perro que nos ladre, sin indemnizaciones ni explicaciones. En suma, se trataba de un delincuente toxicómano menos al que vigilar, un lastre social.

Y con esto termino sin entrar en estériles detalles. Solidaridad, amistad, fraternidad, bonitas palabras para tan tierna historia. Nada comparable a lo que nos viene encima con el santo propósito de disfrazar la realidad. Muchos de nosotros ya hemos sucumbido bajo las falsas sombras de la mentira.

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Los Pobres que nos enseñan a Vivir

Los pobres que nos enseñan a vivir

Los pobres que nos enseñan a vivir

Existen sectores sociales que se manifiestan contra la desigualdad, el racismo, la pobreza. Enfoques antisistema, antiglobalización, etc. Se especula sobre el hambre del tercer mundo, las enfermedades ó la contaminación. Sobre energía renovable, drogas y sida. Personajes notorios debaten los capítulos postreros de la humanidad a través de los medios.

Pues entonces, también nosotros opinaremos desde nuestra humilde condición. Sentado en la escalera del edificio, además de imprimir unas letras, vigilo a Walid, Marquitos, Eloy y Alex, el primero es hijo de un supuesto terrorista, el segundo perdió a su padre de leucemia hace pocos meses, el tercero va por libre durante todo el día y el cuarto es el mío.

Pulula por el barrio un anormal al que le gustan los niños. Los hijos de los camellos que pasan por delante de nuestro edificio suelen amenazar o robar a los críos de su misma edad, los segundos se diferencian del resto por lucir las orejas adornadas con pendientes y los colgantes de oro.

En la esquina hay un bar, punto de reunión de trabajadores y alcohólicos, además de los adolescentes de la calle, quienes venden la droga de sus padres para, a cambio, sacar para ellos. Cuando no, hay reyertas a gritos o el dueño ejerce la violencia de género contra la madre de su vástagos.

Niños de la Calle

Niños de la Calle

Saludo a los negros africanos que suben y bajan, a los rumanos que pierden las balas cuando limpian las armas en el balcón, evidentemente después no piden por ellas. Es a razón del calor que hace en el interior de los pisos que la comunidad asoma. Las mujeres árabes, cocidas por la temperatura a causa de sus ropas, se pasan el día hablando en los rellanos, callando como putas en cuaresma al paso de cualquier vecino. Contrastando con las risas de los negros, sinceras y fuertes, detrás de las puertas.

Con todo ello, no les quito el ojo de encima a los niños, con el balón a patadas arriba y abajo, con el mundo adulto recriminándolos por hacer esto y lo otro, por jugar aquí y no allá. Cuidado con la pelota niño, les gritan los camellos borrachos del bar, apestando el aire con su aliento. Les regañan los viejos temerosos de recibir un pelotazo. Les grito yo para que no se alejen de lo malo conocido.

El hijo mayor de la abuela del cuarto lleva un equipo de fútbol de alevines, Lucía, del tercero primera, que perdió al padre en un accidente de helicóptero hace apenas un par de años, me explica que después de trabajar de cooperante tres veranos seguidos en Paraguay, adopta a un niño de allá. María, la rubia teñida del quinto, de la cual hacía tiempo que no sabía, me informa de las novedades en la vida de su hermano, condenado a morir en una silla de ruedas a causa de una rara enfermedad degenerativa, también dice, con una hermosa alegría, haber logrado un trabajo en la prisión de Cuatre Camins, como auxiliar de psicóloga.

El africano del segundo me da las gracias por no sé que historia, le respondo que desconfíe de los blancos. Se ríe.

Aquí nadie se queja del racismo, ni de las guerras ni del hambre, es más, si le nombras a cualquiera la crisis económica, contemplará tu perplejidad sonriente.

Es un fenómeno solidario, discreto y tácito, cuyas directrices son desdramatizar la realidad, a través de las historias cotidianas más humanas y simples. Una estrategia para volcar lo positivo, para contagiar la fórmula y el efecto.

Los pobres que nos enseñan a vivir

Los pobres que nos enseñan a vivir

Los pobres que nos enseñan a vivir

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